Es un tumor maligno (canceroso) del esófago, el tubo muscular que transporta el alimento desde la boca hasta estómago.
Ver también: esófago de Barret
Cáncer del esófago
El cáncer esofágico es relativamente raro en los Estados Unidos, se presenta con mayor frecuencia en hombres mayores de 50 años y afecta a menos de 5 personas por cada 100.000. Existen dos tipos principales: carcinoma escamocelular y adenocarcinoma. Estos dos tipos lucen diferentes el uno del otro bajo el microscopio
El cáncer esofágico escamocelular está asociado con el tabaquismo y el consumo de alcohol. La tasa de esta enfermedad en los Estados Unidos ha permanecido casi igual, mientras que la tasa del adenocarcinoma del esófago ha aumentado en forma considerable.
El esófago de Barrett, una complicación de la enfermedad del reflujo gastroesofágico (GERD, por sus siglas en inglés), es un factor de riesgo para el desarrollo del adenocarcinoma del esófago.
Los factores de riesgo para el adenocarcinoma del esófago son, entre otros: el hecho ser de sexo masculino, la obesidad, la desnutrición y el tabaquismo.
Los exámenes empleados para ayudar a diagnosticar el cáncer esofágico pueden abarcar:
El análisis de una muestra de materia fecal puede mostrar signos de hemorragia digestiva oculta.
Cuando el cáncer esofágico está solamente en el esófago y no se ha extendido a ninguna otra parte, la opción de tratamiento es la cirugía, cuya finalidad, en la mayoría de los casos, es curar al paciente. En algunas circunstancias, se utilizan la quimioterapia, la radioterapia o una combinación de las dos en lugar de la cirugía o para facilitar su realización.
Si el paciente no puede tolerar la cirugía o el cáncer se ha diseminado a otros órganos, se puede emplear la quimioterapia o la radioterapia para ayudar a reducir los síntomas, lo cual se denomina terapia paliativa. Sin embargo, en tales circunstancias, la enfermedad generalmente no es curable.
Otros tratamientos que se pueden emplear para mejorar la capacidad de un paciente para deglutir son, entre otros: la dilatación endoscópica del esófago (algunas veces con la colocación de un stent o endoprótesis vascular) o la terapia fotodinámica. En esta última, se inyecta un fármaco especial dentro del tumor, el cual es expuesto luego a la luz, y ésta, a su vez, activa el medicamento que ataca el tumor.
El estrés causado por la enfermedad a menudo se puede mitigar con la vinculación a un grupo de apoyo de personas que comparten experiencias y problemas comunes. Ver grupo de apoyo para el cáncer.
El cáncer esofágico es una enfermedad muy difícil de tratar, pero se puede curar cuando no se ha diseminado por fuera del esófago. Las tasas de curación están en el rango del 25% para aquellos a quienes se les puede practicar la cirugía.
La radioterapia se emplea en lugar de la cirugía en algunos casos donde el cáncer no se ha diseminado por fuera del esófago.
Para los pacientes cuyo cáncer se ha diseminado, la cura generalmente no es posible y el tratamiento está dirigido al alivio de los síntomas.
La persona debe consultar con el médico si tiene dificultad para deglutir sin una causa conocida y esto no mejora o si presenta otros síntomas de cáncer esofágico.
Lo siguiente puede ayudar a disminuir el riesgo de desarrollar cáncer escamocelular del esófago:
Las personas con síntomas de reflujo severo deben buscar atención médica.
Los exámenes con EGD (esofagogastroduodenoscopia) y biopsia en personas con esófago de Barrett pueden conducir a una detección temprana del cáncer y a mejorar la supervivencia. Las personas a quienes se les ha diagnosticado esófago de Barrett deben acudir a un gastroenterólogo (especialista en el aparato digestivo) al menos cada año.
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