Es un daño a la retina ocasionado por presión sanguínea alta.
La presión sanguínea alta puede provocar daño a los vasos sanguíneos de los ojos. Cuanto más alta sea la presión sanguínea y mayor sea el tiempo que ésta permanezca elevada, es probable que el daño sea más grave.
El médico puede observar un estrechamiento de los vasos sanguíneos y el exudado excesivo de líquido desde los mismos con un instrumento llamado oftalmoscopio. El grado de la lesión de la retina (retinopatía) se clasifica en una escala de I a IV.
En el grado I, la lesión puede ser asintomática. La retinopatía hipertensiva grado IV implica inflamación del nervio óptico y del centro visual de la retina (mácula), lo cual puede ocasionar disminución en la visión.
El único tratamiento para esta enfermedad es el control de la presión sanguínea alta (hipertensión).
Los pacientes que tienen el grado IV (retinopatía hipertensiva severa) con frecuencia padecen también complicaciones cardíacas y renales de presión sanguínea alta. En general, la retina se recuperará satisfactoriamente si se controla la presión sanguínea, pero algunos pacientes con retinopatía hipertensiva grado IV tendrán daños permanentes del nervio óptico o de la mácula.
Se debe acudir o llamar al servicio de emergencias (911 en los Estados Unidos) si se presentan presión sanguínea alta y cambios en la visión o dolores de cabeza.
Los cambios vasculares en el ojo se pueden prevenir con el control de la presión sanguínea alta.